La nueva casa del arquitecto Julio Oropel, en San Telmo, es un verdadero refugio creativo. Es una antigua casona porteña reciclada con el metal como protagonista, y con grandes ventanales con visión al verde.

Los colores, formas y texturas de su colección de objetos -joyas de diseño- le dan su sello más particular.

“Estuve buscando un lugar en la ciudad durante mucho tiempo. Quería que tuviera un espíritu diferente y que fuera no solo una casa sino también un centro de inspiración, creatividad e investigación”, cuenta Julio Oropel.

La reina de este ambiente es una mesa de cinco metros. “Es el lugar para comer, hablar, investigar, disfrutar”, se entusiasma el arquitecto y diseñador.

Esculturas, tallas de madera, muñecos, piezas de céramica… La casa de Oropel es un festival de objetos, muchos de ellos recuerdos de sus viajes por el mundo. Funcionan como si fuera un ecléctico museo, frente a la rampa que conecta con el piso superior y son la base de la deco de este ambiente.



Además, le aportan a la estructura metálica un abanico de texturas y colores únicos. “La casa está llena de objetos. Me gustan los que identifican lugares, los que cuentan historias, las artesanías, libros, revistas, las lámparas de diseño. Estos elementos tienen alma, identidad y recuerdos. Dan riqueza al espacio. Todos esos objetos están poblando el lugar y son mi gran fuente de inspiración y placer”.

El estilo industrial enriquecido con arte y calidez
Uno de los sellos distintivos de “la casa Oropel” es la fuerte presencia del metal que aporta un toque industrial que combina perfectamente con la antigua estructura de la casa.

“La idea es que la presencia de metal, del plateado del mismo, pueda permanecer como un elemento expresivo, casi brutalista”.

La cocina mantiene el sello de metal más objetos que está presente en toda la casa. El piso es de cemento alisado. Tiene una isla de acero quirúrgico con el horno y el anafe y lámparas colgantes blancas en la parte de trabajo.

La mesada es de acero, con la bacha integrada. Los estantes, de perfiles galvanizados, exhiben objetos de madera, de viajes, y parte de la colección de teteras.

El estudio superior es un lugar reservado para la creación, “para generar corrientes de investigación en diseño y espacialidad”.
El arquitecto mantuvo la fachada original y el viejo ladrillo colonial de tamaño que pintó con cal. La idea fue contar con esta permeabilidad y transparencia visual a través de la malla, a través del ventanal que da al jardín delantero.

Las plantas y espacios verdes son fundamentales. “Planeo hacer un invernadero para insectos y plantas especiales. Quiero disfrutar de la naturaleza, el sol, el verde”.

Grandes ventanales le aportan al dormitorio una luminosidad excepcional y privilegiada vista al verde. El detalle más llamativo es el respaldo de cama: un panel de Paula Herrero. Este encubre un placard espejado detrás. Sobre la cama, un cover de Ikea y un pie de cama artesanal de lana tejido.


El piso tiene malla metálica y debajo de la cama se colocó una piel de oveja. Siguiendo el mismo patrón de toda la casa, las bibliotecas son del mismo perfil que se usó en la obra: acero galvanizado. También hay un sector de plantas de exterior.

Producción. Marité Rizzo. Fotos. Diego García.
Más información: parati.com.ar