¿Puede la odontología potenciar la medicina estética? ¿De qué manera esta disciplina contribuye tanto a la salud como a la belleza estética? Tradicionalmente, la odontología acompañó la disciplina de la estética facial de forma indirecta: con tratamientos como ortodoncia, ortopedia maxilar y rehabilitación protésica. Pero hace unos años, emergió la armonización orofacial, una subespecialidad cada vez más solicitada por sus beneficios.
Guillermo Roman es odontólogo especializado en armonización orofacial, una subespecialidad emergente dentro de la odontología que permite intervenir de manera tal que aporta a la estética y a la simetría del rostro.

Desde su perspectiva, “la armonización orofacial representa una evolución en la práctica odontológica, permitiendo al profesional intervenir de manera global en la estética facial, combinando el abordaje de tejidos duros y blandos, con resultados predecibles, armónicos y seguros”. En una entrevista con Para Ti, el doctor contó los detalles de este servicio y su importancia en el ámbito médico.
“El objetivo de la armonización orofacial es lograr el equilibrio de los tres tercios faciales: el tercio superior (frente), el medio (pómulos, ojos y nariz) y el inferior (labios, mentón y reborde mandibular), actuando principalmente sobre los tejidos blandos”, define el especialista.
La armonización orofacial viene a ampliar el enfoque odontológico. ¿Por qué? “Porque incorpora técnicas mínimamente invasivas para tratar directamente los tejidos blandos, tales como la aplicación de toxina botulínica, rellenos faciales con ácido hialurónico, bioestimuladores o biorregenetadores de colágeno, hilos , entre otros. Esto permite corregir asimetrías, restaurar volúmenes perdidos y mejorar el contorno facial sin necesidad de cirugía”, responde Roman.

“El rol del odontólogo en esta disciplina es especialmente relevante debido a su profundo conocimiento de la anatomía cráneofacial, los patrones de crecimiento y la funcionalidad del sistema estomatognático. Esta formación lo posiciona como un profesional capacitado para evaluar, diagnosticar y tratar integralmente tanto los aspectos funcionales como estéticos del rostro”, agrega.
— ¿Cómo es el procedimiento?
— La armonización orofacial comprende un conjunto de procedimientos, técnicas y productos destinados a mejorar la estética facial de manera integral, comenzando con un diagnóstico preciso y personalizado. Esta evaluación clínica permite identificar las necesidades individuales del paciente, considerando tanto los aspectos estructurales como funcionales y estéticos del rostro.

— ¿Cuáles son los materiales más utilizados?
— Dentro de los materiales más utilizados se encuentran:
• Toxina botulínica: neuromodulador que actúa regulando la actividad muscular, permitiendo equilibrar fuerzas dinámicas que generan arrugas o asimetrías.
• Ácido hialurónico: sustancia biocompatible y reabsorbible que permite desde la hidratación profunda hasta la restitución de volúmenes perdidos. Es el pilar en la reestructuración facial.
• Bioestimuladores o biorregeneradores: sustancias que inducen la reactivación celular, promoviendo la síntesis de colágeno, elastina y otros componentes esenciales de la matriz extracelular que disminuyen con la edad.

— ¿Cómo son los planes de tratamiento?
— Una vez realizada la evaluación diagnóstica, se diseña un plan de tratamiento individualizado que contempla las necesidades y objetivos del paciente. En términos generales, las intervenciones pueden agruparse en dos grandes categorías: la reestructuración o reposición y la remodelación estética.
La reestructuración tiene como objetivo devolver a su posición original los tejidos que, como parte del proceso de envejecimiento crono-biológico o prematuro, han descendido, perdido volumen o modificado su forma. El envejecimiento facial sigue un patrón tridimensional, descendente y centrípeto: afecta desde las estructuras óseas profundas hasta los tejidos blandos más superficiales, con una tendencia al colapso hacia el centro del rostro.
La pérdida ósea —por atrofia fisiológica del esqueleto facial— genera una desproporción entre la estructura de soporte y los tejidos blandos, similar a un somier de tamaño reducido cubierto por una sábana más grande. Esta disarmonía estructural produce flacidez, pérdida de definición y alteración del contorno facial. Comprender este patrón nos permite identificar los puntos de déficit y tratarlos de forma estratégica.

En la remodelación estética, el objetivo es optimizar y armonizar estructuras que presentan desproporciones, asimetrías o que simplemente no satisfacen la percepción estética del paciente. Se trabaja en función de parámetros anatómicos, proporciones faciales y líneas de referencia. Ejemplos típicos de este tipo de intervención incluyen el diseño y proyección labial, definición del reborde mandibular o realce de pómulos, entre otros.
La armonización orofacial, desde esta mirada integral, permite abordar tanto el envejecimiento como la mejora estética del rostro, mediante procedimientos mínimamente invasivos, seguros, reversibles y con resultados altamente personalizables.

–¿Qué beneficios trae la armonización orofacial?
– Uno de los aspectos más relevantes de la armonización orofacial es que no se limita únicamente a mejorar la estética facial, sino que en muchos casos permite también restaurar funciones alteradas, contribuyendo de manera directa a la salud y calidad de vida del paciente.
Un claro ejemplo de ello es el uso terapéutico de la toxina botulínica en el tratamiento del bruxismo. Esta afección, que se estima afecta en algún momento de la vida al 80% de la población, puede presentarse en forma episódica o convertirse en una condición crónica. Su impacto es profundo, tanto en el estilo de vida como en la salud bucodental: desgaste dentario, disfunción temporomandibular, dolor muscular, cefaleas, entre otros síntomas.

El tratamiento con toxina botulínica representa un avance significativo en estos casos. Su aplicación controlada en el músculo masetero reduce la hiperactividad muscular, disminuye el dolor y, en muchos casos, produce una reducción del volumen del músculo, lo que resulta no solo en una mejora funcional, sino también en un efecto estético favorable. Esto es particularmente relevante en pacientes —especialmente mujeres— que desarrollan hipertrofia masetérica, generando un contorno facial ancho o poco armónico. Este tratamiento debido a su complejidad debe ser realizado por un odontólogo.
De igual modo, la armonización orofacial permite corregir asimetrías faciales de volumen o forma en cualquiera de los tres tercios, ya sea por envejecimiento o alteraciones estructurales de origen congénito o adquirido. Por ejemplo, la reestructuración del mentón en casos de retrognatia o atrofia ósea, mediante proyección controlada, puede modificar significativamente el perfil facial, mejorando la proporción y el balance del rostro. Lo mismo ocurre en áreas como los pómulos, surcos nasogenianos, mandíbula y otras zonas estratégicas.

Otro caso paradigmático es el de la sonrisa gingival, en la cual se expone una porción excesiva de encía al sonreír, generando incomodidad estética en muchos pacientes. Este fenómeno puede deberse a múltiples factores: desbalance en la actividad muscular perioral, exceso de tejido gingival, hipermovilidad labial, erupción pasiva alterada o incluso a una desproporción ósea. En estos casos, el rol del odontólogo es fundamental para realizar un diagnóstico preciso. El tratamiento puede incluir el uso de toxina botulínica para modular la actividad muscular, ácido hialurónico para reposicionar tejidos, y en ciertos casos, una pequeña intervención quirúrgica. El objetivo final es devolver una sonrisa natural, armónica y funcional.
– ¿Cuál es tu recorrido por esta nueva disciplina?
– Comencé a incursionar en la armonización orofacial como una alternativa complementaria para finalizar mis tratamientos de rehabilitación y estética dental. Al principio, era simplemente una herramienta más para lograr un cierre armónico en los casos clínicos. Sin embargo, rápidamente me cautivó: la cantidad de posibilidades terapéuticas, funcionales y estéticas que ofrecía era enorme. Hoy puedo decir que es la disciplina a la que me dedico con absoluta pasión. Cuando empecé, no existían muchas opciones de formación en estética facial dirigidas específicamente a odontólogos. Además, existía cierta resistencia desde otros sectores del ámbito médico que no consideraban al odontólogo como un profesional apto para ejercer esta especialidad. En muchas instancias de formación se nos pedía explícitamente no decir que éramos odontólogos, lo cual resultaba no solo injusto, sino también desconectado de la realidad académica y científica.
Fue entonces cuando decidí lanzar una campaña a través de redes sociales para visibilizar la sólida formación que recibimos los odontólogos. Lo hice junto a colegas de toda América Latina y España. Comparando planes de estudio, demostramos que durante los dos primeros años de carrera compartimos prácticamente las mismas materias que los estudiantes de medicina. Pero la diferencia más significativa es que, a lo largo de los cinco años de nuestra formación, estudiamos en profundidad la anatomía, fisiología y patología de cabeza y cuello. Esa es nuestra verdadera especialización, y allí radica gran parte de nuestra competencia en esta área.

Por suerte, el panorama cambió. Hoy la armonización orofacial es reconocida a nivel mundial como una disciplina legítima y transversal, y los odontólogos somos protagonistas activos en su desarrollo. Esa evolución me permitió crecer profesionalmente y ocupar roles que jamás imaginé al comenzar: soy titular del curso de formación en armonización facial en la Sociedad Odontológica de La Plata, con aval de la Universidad Católica de La Plata (UCLP); formo parte del plantel docente del curso de Rejuvenecimiento Facial de la Universidad de Buenos Aires (UBA), junto al Dr. Fernando Felice, con quien también participo en cursos cadavéricos en Argentina, Brasil y Estados Unidos, a través de la Felice Academy.
Además, soy docente invitado en el Departamento de Cirugía Oral de la Universidad de Santiago de Compostela (España), y colaboré en formaciones en Colombia y Uruguay. He sido disertante en congresos nacionales e internacionales, y tengo la oportunidad de dictar cursos en Argentina, Uruguay, Colombia y España.
Como parte de esta experiencia integradora, lancé un podcast llamado “Belleza con sentido”, donde converso con distintos invitados sobre la belleza desde múltiples ángulos: estético, científico, emocional y cultural. Y por supuesto, nunca dejé lo que más me gusta: atender a mis pacientes. Porque es ahí, en el consultorio, donde todo cobra sentido: ver cómo un tratamiento mejora no solo el aspecto, sino también la confianza, la funcionalidad y la calidad de vida de quienes nos eligen.
– ¿Cuál dirías que es tu diferencial?
— Creo que los pacientes, los alumnos y las instituciones que me convocan lo hacen porque reconocen no solo mi formación, sino también mi inquietud constante por seguir aprendiendo y evolucionando. A lo largo de mi trayectoria profesional me especialicé en ortopedia funcional de los maxilares, realicé rehabilitación oral y más adelante me volqué de lleno a la estética dental. Ese recorrido me permitió desarrollar un criterio estético amplio, sólido y clínicamente fundamentado, lo que considero esencial al momento de realizar una evaluación integral y precisa de cada caso.
Aunque hablamos de embellecimiento, no debemos olvidar que trabajamos en el campo de la salud. Esa es una premisa innegociable para mí, y cuando los pacientes entienden que el objetivo no es solo verse bien, sino también sentirse bien y funcionar mejor, creo que eso marca una diferencia profunda y duradera. En un contexto donde muchas propuestas giran en torno al precio más bajo, mantener el foco en el valor de una atención ética, experta y personalizada se vuelve fundamental.

Además, el criterio estético es un eslabón clave. La escucha activa de los pacientes, la evaluación conjunta entre lo que desean y lo que realmente podemos ofrecer, y el conocimiento profundo de los límites de la armonización orofacial como disciplina no quirúrgica, son factores que influyen directamente en la calidad del resultado y en la satisfacción del paciente.
Finalmente, creo que otro gran diferencial es el acompañamiento cercano y profesional que brindamos, tanto yo como mi equipo. Esa cercanía, sumada a la seriedad clínica, genera confianza, fideliza y fortalece el vínculo con quienes nos eligen.