El Hipódromo Argentino de Palermo es una joya arquitectónica de estilo neoclásico, y basta llegar a su entrada para entender por qué fue declarado Patrimonio Arquitectónico de la Ciudad de Buenos Aires.

Junto con Cementos Avellaneda, hoy en "Historias de Cemento", paseamos por el Hipódromo Argentino de Palermo, un edificio pensado y diseñado como un palacio y, definitivamente, testigo monumental de la luminosa Belle Époque porteña.
Video: así es el Hipódromo Argentino de Palermo
Ubicado en el corazón de la Ciudad de Buenos Aires, fue inaugurado el 7 de mayo de 1876, y hoy es un ícono de la cultura porteña.
Y más allá de su arquitectura y de que se trata de un testimonio del paisajismo de la época, el Hipódromo Argentino de Palermo fue sede de importantes acontecimientos históricos y de la vida social y cultural del país.
Aquí estuvieron, entre otros visitantes ilustres y populares, Julio A. Roca, Carlos Pellegrini, Hipólito Irigoyen, Marcelo Torcuato de Alvear, Roberto Arlt, Ernesto Sábato, Maradona, Labruna y ¡Carlos Gardel!
Dato: Gardel era dueño de un pura sangre llamado “Lunático” que debutó en 1925 con el uruguayo Leguisamo como su jinete.
3 símbolos imperdibles del Hipódromo Argentino de Palermo


Una visita al Hipódromo de Palermo no está completa sin conocer tres puntos clave para conocerlo mejor: el reloj de cuatro caras, la Tribuna Oficial -también declarada Patrimonio Histórico de la Ciudad por su impactante arquitectura- y la Redonda de Exhibición, el lugar donde muestran los caballos al público antes de cada carrera.
La redonda rodea el túnel de los jockeys que, después de prepararse en los vestuarios, salen del túnel con sus fustas en mano y montan los caballos para salir a la pista a correr.
Recientemente, fue locación clave e icónica del rodaje y de la historia de la premiada película El Jockey dirigida por Luis Ortega.