Palacio San José, la residencia de lujo del caudillo Justo José de Urquiza en Entre Ríos – Revista Para Ti
 

#HistoriasDeCemento: Palacio San José, la residencia de lujo del caudillo Justo José de Urquiza en Entre Ríos

Declarada Monumento Histórico Nacional, esta reliquia arquitectónica es testigo de un pasado de esplendor y refleja la relación inseparable con quien ejercía el poder político y económico de la Confederación Argentina. En esta nota, Silvina Gerard nos cuenta toda su historia.
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“…Y seamos los destinados al olvido, aunque sea la memoria de todos la que nos da una misión distinta en esta tierra que se balancea continuamente entre el infierno y el paraíso”. - Emma de Cartosio. Poeta entrerriana.

Los ríos Paraná y Uruguay abrazan estas tierras como limites naturales, donde las batallas a fuerza de sangre enhebraron parte de la historia que gestó el sueño federal. Las costas de los grandes ríos fueron una bisagra en la línea del tiempo contrastando los hábitos de una sociedad postcolonial con los primeros avances de modernidad.

Un eslabón en esa cadena que el caudillo Urquiza marcó con la construcción de una casa al oeste de la ciudad de Concepción del Uruguay, en Entre Ríos.

El Palacio San José fue la residencia del General Justo José de Urquiza, un hacendado y empresario, militar, gobernador entrerriano y primer presidente constitucional de Argentina. La principal fuente de su fortuna fueron los saladeros, proceso por el cual se exportaba carne al mundo.

Su casa fue construida a partir de 1848 como hogar familiar y fue el centro político y social de la región a lo largo de poco más de veinte años, en tiempos de organización nacional.

Allí el caudillo vivió junto a su esposa Dolores Costa y sus once hijos hasta su asesinato, hecho que ocurrió el 11 de abril de 1870 en la galería del Patio de Honor, en presencia de su familia.

La casa impacta con su arquitectura italianizante, que desde su monumentalidad refleja la relación inseparable con quien ejercía el poder político y económico de la Confederación Argentina.

La obra contó con la intervención de los arquitectos Jacinto Dellepiane y Pedro Fossati.

La mansión refleja una síntesis cultural, en la que conviven armoniosamente diferentes estilos desde una base poscolonial, enriquecida según el criterio establecido por la arquitectura “palladiana” y el espíritu de las villas italianas.

Aunque estas últimas tienden a ser compactas, se reconocen aquí elementos arquitectónicos italianos. La edificación está realizada con las técnicas constructivas y materiales tradicionales de mampostería de ladrillos y vigas de madera.

En las terminaciones aparecen los materiales importados, aportando progreso y confort.

En el Palacio San José fue instalado en 1850 un innovador servicio de aguas corrientes, que es el mismo que funciona todavía con sus antiguos caños y canillas. El agua era suministrada por una toma que estaba en el río Gualeguaychú, a 2 km del lugar. Este tipo de servicio fue conocido en Buenos Aires recién a partir de 1870, lo que convierte al palacio en la primera residencia en contar con sistema de agua corriente del país.

La residencia se construyó en tres etapas muy bien definidas:

  • Urquiza escogió el lugar para su implantación y comenzó a levantar las primeras habitaciones. Inicialmente se funda como Santa Cándida, en honor a la madre del General.
  • Una segunda etapa entre 1853 a 1856 donde contrató al arquitecto Jacinto Dellepiane, quien edificó el casco de estancia con sus dos patios y la galería del frente con los miradores en sus extremos, generando la simetría que se ve en todo el edificio.
  • Finalmente, la presencia del arquitecto Pedro Fosatti, quien embellece y jerarquiza todo el conjunto edilicio, rematando la construcción con una capilla en el patio posterior dando fin a la tercera etapa entre 1857 a 1860.

El Parque Exótico, con su avenida de lajas, dos artísticas pajareras, una fuente de hierro fundido, los frutales, los bancos de mármol italiano y árboles de especies diversas como araucarias, encinas reales y robles se suman a la sucesión de parques que deja ver el imponente frente con la galería de columnas toscanas y los miradores más adelante.

Luego de atravesar una larga avenida de 90 metros bordeado de magnolias, un portón de doble hoja con pilares coronados por dos estatuas de mármol representa a Europa y África.

Aquí el acceso al Jardín Francés, circundado por un cerco perimetral con negras rejas de hierro fundido. Con un diseño de amplios canteros simétricos, dos fuentes y un cantero central circular con azulejos pais de calais, permite apreciar en toda su magnitud el frente del edificio.

La fachada principal tiene una galería con un frente de arcos que caen sobre ocho columnas de tipo toscano. El frente se encuentra enmarcado por dos torres simétricas de dos pisos y unos 17 metros de altura en las esquinas. Se accede a estas por una escalera caracol de 88 escalones.

En 1857 se instaló en una de las torres un reloj mecánico y para mantener la simetría, se colocó otro en la torre contigua, pero a modo simulado.

Emplazada en un área de 40 hectáreas de parques de un total de 120 que integran el predio, la construcción cuenta con 38 habitaciones estructuradas alrededor de dos patios: el de Honor y el del Parral.

Por la gran puerta principal de dos hojas se ingresa a un amplio zaguán decorado con pinturas murales de temática bélica. A la izquierda, la sala de recepciones, y a la derecha, el escritorio político, lugar de trabajo de Urquiza.

Atravesándolo, se accede al Patio de Honor. De planta cuadrada, en las dieciocho habitaciones que conforman este ámbito se desarrollaba la vida familiar y social del palacio.

Se destaca la Sala de Recepciones con un impresionante cielorraso realizado con más de cien lunas de espejos franceses y un artesonado de pino blanco. Todos los cielorrasos de las salas de este patio tienen un diseño diferente, con finísima talla y decoración.

El amplio comedor, las habitaciones familiares, los dormitorios de huéspedes exhiben la jerarquía de este espacio, enmarcado en una galería con piso de baldosas de mármol en damero y arcadas de medio punto con veintiocho columnas toscanas.

En las esquinas, ocho óleos que integran el conjunto “Las batallas de Urquiza”, pintados por Juan Manuel Blanes.

El Patio del Parral es el segundo de los dos grandes ambientes de la residencia. Se accede por otro amplio zaguán. De planta rectangular, la sencillez de este fue realzada con una pérgola de hierro forjado que forma una arquería de medio punto hacia el patio y una bóveda virtual de cañón corrido en las galerías, generando con las vides la sombra necesaria para disipar el calor del verano.

Las diecisiete habitaciones estaban destinadas a alojamiento y tareas cotidianas como escritorio comercial y administración, despensa con sótano, cocina, comedor diario y dependencias de servicio.

Una cancela nos abre sus puertas hacia el Jardín Posterior, con sus dos amplias avenidas, una de ellas continuando el eje central del edificio, comunicando la residencia con el Parque del Lago. Al sur, la antigua panadería y cochera y al norte la pulpería, el gran portón lateral y la capilla dedicada a San José, devoción de la familia de los padres del General.

La cúpula del recinto sacro está decorada con pinturas murales del artista uruguayo Juan Manuel Blanes y el altar de cedro con aplicaciones de oro, púlpitos y palco con hermosas tallas.

En el Baptisterio se ubica la pila bautismal que tiene 2.70 metros de altura y fue encargada y construida en Italia, siendo una réplica de una que se encuentra en el Vaticano.

Desde este patio, a través de una larga avenida arbolada, se encuentra el lago artificial, última construcción monumental de San José. Esta obra se realizó en el gran parque posterior. Con una extensión de 180 por 120 metros y cinco de profundidad.

El Palacio San José fue proyectado con una arquitectura que reafirmaba el carácter y el protagonismo político de proyección nacional de su propietario, lejos de ser simplemente un casco de estancia.

La residencia refleja, en su arquitectura, en su monumentalidad, una etapa de nuestra historia que reafirma la construcción nacional, aportando, desde el federalismo, una idea de nación construida desde las diversas identidades.

El encuentro con el pasado, con las historias que encierran y fluyen de estas paredes, es una invitación a un diálogo permanente donde está permitido disfrutar la belleza, emocionarnos con las pérdidas, reconocernos como parte de la historia y darnos permiso para apropiarnos de nuestro pasado.

El Palacio San José fue declarado Monumento Histórico Nacional por Ley 12.261 del 30 de agosto de 1935, creando el Museo Urquiza, que fuera inaugurado el 13 de agosto de 1936 cuando la familia deja la casa.

Hoy el museo acuna el pasado en sus muros para mantenerlo vivo en el presente, resignificándolo y resignificándonos como parte en ese eslabón que nos enlaza a un país federal, ese que fuera bocetado entre el Paraná y Uruguay.

Texto: Silvina Gerard @silvina_en_casapines.

Fotos: gentileza Silvina Gerard y @palaciosanjose_oficial.

PALACIO SAN JOSÉ MUSEO Y MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL "JUSTO JOSÉ DE URQUIZA" - Ruta Provincial Nro. 39 Kilómetro 128. Entre Ríos.

Más información en parati.com.ar

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