Día de la Mujer: la historia de Asha Ismail, la activista que lucha contra la mutilación genital femenina
 

Día de la Mujer: la historia de Asha Ismail, la activista que lucha contra la mutilación genital femenina

Día de la Mujer: la historia de Asha Ismail, la activista que lucha contra la mutilación genital femenina
Nació en Kenia, fue sometida a la mutilación genital femenina a los 5 años, una práctica que afecta a millones de mujeres alrededor del mundo y, contra viento y marea, se rebeló y, en 2007, fundó la ONG "Save a Girl Save a Generation", que lucha por los derechos de las mujeres y contra la mutilación genital. Su historia es un ejemplo de resistencia y transformación, por lo que fue elegida para estar presente en este especial de Para Ti para representar los derechos de las mujeres.
News
News

Si la pudiese describir con solo una frase, diría "alma de guerrera". Nació en Kenia siendo una luchadora, en un contexto para nada fácil, en donde ya te condicionan por el simple hecho de ser mujer.

Su cultura ya había decidido qué iba a suceder con ella, por lo que a su corta edad de 5 años fue sometida a la mutilación genital femenina. Según un estudio publicado en 2024 por UNICEF, más de 230 millones de niñas y mujeres vivas actualmente lo han sufrido alrededor del mundo.

A su vez, es una práctica que no está prescrita por el Islam ni por ninguna otra religión. Se practicaba antes de la existencia de las religiones monoteístas. Sin embargo, cuando una familia acepta someter a su hija a una mutilación genital femenina, lo hace porque desea protegerla contra el estigma y la exclusión social. Una mujer que ha sido sometida a mutilación genital femenina es aceptada
socialmente dentro de su comunidad y de su sociedad, y consideran que está lista para casarse.

Mientras me cuenta su historia, no paro de imaginarme todo tipo de escenarios. Me habla fuerte y claro, no titubea ni le tiembla la voz cuando tiene que relatarme las cosas más crueles que puede vivr un ser humano. Ella es Asha Ismail, una mujer a la que se puede definir de muchas maneras, pero elijo la palabra resistente.

Se impuso en contra de su familia y de su cultura y salió a pelear tanto por sus derechos como por los de todas aquellas que habían pasado por la mutilación genital femenina. Luego de que nació su primera hija, decidió que ella no iba a sufrir lo mismo, por lo que, silenciosamente, comenzó su lucha.

Así fue cómo, en 2007, nació su organización no gubernamental, "Save a girl Save a generation", la cual está radicada en España, en donde vive actualmente, y lucha contra la mutilación femenina, la explotación a menores, el matrimonio forzado y contra cualquier forma de maltrato a la mujer. Por ello, en este especial de Para Ti por el Día de la Mujer, fue elegida como una de las representantes por los derechos de las mujeres.

El día que sucedió su mutilación genital femenina

- ¿Vos recordás tu propia mutilación?

- Sí, no se me olvida nunca. Hay muchas personas que, de alguna forma, intentan borrar esa parte para no sufrir, pero en mi caso ha estado presente siempre, ha sido como el motor que me hace seguir. También es imposible olvidar.

- ¿Y antes de ese día, te hacían creer que ser una kintirley (una mujer con clítoris) estaba mal visto?

- Sí. Las niñas que llamaban kintirley eran porque no habían pasado por la mutilación genital femenina. En mi caso, era muy pequeña para entender todo. Yo estaba justo en la edad de poder pasar por ello. Hasta los 15 años, siempre estás en la edad. Entonces, con la edad que yo tenía, kintirley no fue una palabra que usaron contra mí, pero, si no hubiera pasado por ello, a lo mejor sí me habrían llamado así y de otras formas, ya que les dicen de muchas maneras, como sucia, consideran que no se van a poder casar o tener hijos.

Algunos deciden que sus hijas no pasen por la mutilación genital, pero tienen que cambiar de pueblo o de ciudad, precisamente para que no sufran estas discriminaciones. Entonces, en mi caso, como era muy chica, no había oído ni sabía absolutamente nada.

- ¿Y qué fue lo que cambió en vos a partir de ese día?

- Muchas cosas. La inocencia que tenía, porque mientras iba a la casa de mi abuela sin conocer qué iba a suceder, estaba muy feliz. Sabía que algo iba a pasar, pero no qué exactamente. Y después de ese día, todo lo que tenía era rabia, enojo, desconfianza, aparte del dolor que supone pasar por la mutilación genital. Y la sensación de haber sido engañada, traicionada. Me volví muy rebelde después de eso. Me imponía a todo lo que no quería, sin importar si había otra persona que lo había hecho en el pasado.

Su alma de luchadora comenzó desde pequeña

- Y tu alma de luchadora comenzó desde pequeña, ya que comenzaste a contarle a tus compañeras de colegio lo que les iba a suceder el día que ellas pasen por la mutilación genital femenina, algo que generaba conflicto en sus respectivos hogares porque después se lo transmitían a sus padres y se enojaban contigo.

- Efectivamente. Me cuestionaba por qué no tenía esa información antes, por qué nadie me había dicho lo que realmente pasaba. Había ese tabú, ese silencio acordado. Entonces, no me iba a callar y a cualquier persona que me podía escuchar, se lo iba a contar. Así que ahí fueron a quejarse con mi madre para que no hable de este tema.

- ¿Qué dijo tu familia cuando decidiste alzar la voz?

- He ido poco a poco. La primera vez, sucedió cuando le iban a hacer la mutilación genital a mi hermana pequeña, que le llevaba diez años. Yo estaba muy enojada y quería impedirlo. Recuerdo que tenía 14 o 15 años y amenacé a mi madre y a mis tías con que iba a ir a la comisaría a reportarlas. Lo que hicieron fue encerrarme en la casa con un candado. Se llevaron a mi hermana a un hospital, que estaba cerca del monte Kilimanjaro, en Tanzania.

Cuando la trajeron de vuelta, me dijeron que estaba vomitando, que se le había acabado la anestesia y que había tenido un problema. Sentía que le había fallado, que podía haber hecho algo más y esa culpa estuvo conmigo durante mucho tiempo. De hecho, en el primer parto de mi hermana, el bebé no pudo salir y le faltó oxígeno debido a la mutilación, entonces tuvo una parálisis cerebral.

Mi sobrina vivió nueve años y, un año después, murió mi hermana. Siempre pienso que ella, desde el nacimiento de esa niña hasta su muerte, no ha sido igual y que podía haber contribuido todo lo que le ha pasado. También, que la culpa de la situación de su hija la tiene la mutilación genital.

Esa culpa ha estado ahí en mi cabeza siempre. Pero ¿qué podía hacer yo? Era muy pequeña. No había nada, ni había organizaciones, ni movimiento de mujeres. Si hubiese sabido dónde ir, habría ido.

Cuando su familia arregló su matrimonio a sus 20 años

- ¿Y cómo fue la primera vez que te casaste?

- Cuando estaba por cumplir mis 20 años, un día llegué a mi casa y me comunican que ya habían arreglado todo para mi casamiento con un hombre. Hasta el certificado de mi matrimonio no aparecía mi nombre, sino que estaba firmado por este señor y por mi padre. Estaba todo arreglado y yo era esposa de alguien, sin haber dado mi consentimiento en ningún momento.

Mis padres consideraban que ya era muy mayor para contraer matrimonio porque las mujeres se casaban con 13, 14 o 15 años, por lo que querían que estudiara. Además, mi familia estaba decidida porque por fin alguien se interesaba en mí.

- ¿Y la noche de bodas cómo fue?

- Fue algo muy cruel. La celebración se suele hacer en la misma casa donde vas a estar con tu marido, por lo que los novios están en el dormitorio, los invitados pasan a saludar, pero después se quedan abajo bailando y festejando.

Esa es la noche en la que se espera que la pareja tenga relaciones, sin embargo, estaba completamente cerrada debido a la mutilación, por lo que él intentó, pero no entró. Por lo que, salió de la habitación y dio aviso a los invitados de que no pudo, entonces celebraron. Mi familia porque entregaron a una virgen y la de él por haber conseguido una mujer en "ese estado".

Ahí, siempre hay una señora preparada con una cuchilla por si esto sucede. Ella entró y me cortó. En ese momento, él me penetró, porque también se inventan un montón de cosas que sostienen esta cultura, como que después la herida se cierra. Lo que una siente es una violación con la manera más dolorosa que puedas imaginar.

- ¿La mutilación genital femenina no considerás que es una violación?

- Sí, claro que sí. La mutilación genital femenina en todos sus diferentes tipos es una violación en contra de la sexualidad de la mujer por ser mujer simplemente.

- ¿Y qué sucedió después de esa noche?

- Después de esa noche, me acuerdo que entré en un estado de shock y no quería hablar, no quería comer, no quería hacer absolutamente nada. Y me acordé de las historias de las "niñas locas", que así era como les decían cuando era joven. Eran mujeres que se suicidaban en la noche de bodas. Algunas se echaban gasolina o kerosene y se prendían fuego.

Aquella noche, entendí por qué se quitaban la vida, por qué nadie hablaba de ellas, pero yo no pararé de hablar de ellas hasta que algún día se haga justicia porque fueron asesinadas, fueron forzadas para entrar en esa situación.

Recuero que, cuando entré en estado de shock, las mujeres de la familia de él entendieron qué era lo que me estaba sucediendo, ya que ellas habían pasado por lo mismo. Me llevaron a otra habitación, en donde estaba sola y le dijeron que me dé tiempo para que me recupere.

Recuerdo que él golpeaba la puerta, intentaba entrar, entonces yo la cerraba con muebles y así estuve durante mucho tiempo. Él no entendía por qué me tomaba tanto tiempo recuperarme. A los dos o tres meses, me empecé a sentir mal, por lo que fui al médico y dijo que estaba embarazada. Ese fue otro momento muy duro para mí porque no quería a ese bebé.

Pensé en muchas cosas, como buscar ayuda para abortar, pero no había a dónde ir. Incluso, si hubiera habido, yo no habría podido entrar entre esas personas que las dejaban porque era una mujer casada y no tenía derechos sobre mi cuerpo.

Entonces, mi panza empezó a crecer y en lo único que podía pensar era que quería tener un niño, ya que sabía que los hombres no tenías problemas y, en cambio, entendía que todo lo que me pasaba era por mi condición de mujer.

El día que nació su hija

- ¿Y cómo fue el parto?

- Para el día del parto, aún no sabía si era niño o niña porque no iba a los controles. Cuando llegamos al hospital, intenté salir del taxi, pero no pude porque sentía como la cabeza me cortaba todo. Entonces, me quedé dentro y unas enfermeras me ayudaron a parir allí. Tuvieron que cortar la zona para que pueda salir y, finalmente, me dijeron que era una niña.

Si no hubiera tenido delante un hospital, no sé si estaríamos vivas, tanto ella como yo. Cuando me dieron a mi hija, me puse a llorar y a pensar: "¿Por qué tenía que ser una niña?"

No lloraba por dolor, sino porque había traído a una niña al mundo. Entonces, me hice una promesa a mi misma: "Sé que nadie nos pertenece, pero ella es mía y no le va a pasar nada. Antes, me tendrán que matar". Y creo que la lucha empezó en ese momento. No tenía ni idea cómo lo iba a hacer, cómo iba a salvar a esa entonces pequeña.

Primero, empecé hablando con la gente de a poco sobre el pacto, de la noche de boda, del corte, le preguntaba a las demás mujeres cómo lo habían vivido y cada una me contaba su vivencia. Entonces, ahí decidí que no iba a mutilar a mi hija, a lo que muchos me respondían que tampoco.

Tener ese movimiento silencioso, que empezó sin querer, fue la cosa más bonita que podía haber sucedido y me dio fuerza. Todos necesitábamos que alguien rompiera el silencio de alguna forma y eso se rompió conmigo en ese momento.

Primero, mi fuerza fue silenciosa, las que sabían sólo eran las madres y no lo íbamos a comunicar. Eso fue una de las cosas que nos salvó. Luego, comenzamos a ser más. En ese momento, no había celulares ni nada, entonces para juntarnos poníamos excusas como ir a tomar el té o ir a la peluquería y así nadie interfería.

Los comienzos de su lucha: el nacimiento de "Save a girl Save a generation"

- ¿Siempre fuiste una mujer que ha trabajado para su pueblo?

- Sí, desde hace muchos años, tiempo antes de ser activista. En ese entonces, lo hacía de boca en boca, hablaba acerca de los temas que me interesaba, como la mutilación genital femenina. Quería entender la opinión de las otras madres como yo. Yo era joven también, pero en mi comunidad tener un hijo te da autorización para poder hablar de temas que eran tabú, ya que, si eres madre y has pasado por un matrimonio, se te considera que tienes autoridad para hablar de ciertos temas.

Entonces, les preguntaba cómo fue su experiencia al respecto y me contaban. Después de escucharlas, les preguntaba si eso era lo que querían para sus hijas. La mayoría me decía que no. No sabían qué hacer porque esto ocurrió tiempos atrás, en donde no teníamos tanta información, la gente tenía mucho miedo por el rechazo de la propia comunidad, por el qué dirán.

- ¿Cómo fue que creaste la organización "Save a girl Save a Generation"?

- "Save a Girl Save a Generation" nació con mi hija realmente. Pero, se registró en España en 2007 porque había una necesidad muy grande.

Primero, me separé del padre de mi hija, por lo que regresé a Kenia y empecé a buscar trabajo. Comencé en La Cruz Roja, pero luego terminaron ese proyecto y me postulé para otro que estaba abierto en Médicos Sin Fronteras. Allí fue donde conocí a mi segundo esposo y nos enamoramos.

Él era español. Nos casamos en mi pueblo y tuvimos dos niños. Nos mudamos a España en 2001 y a los 4 o 5 años nos separamos. En España, empecé a trabajar como traductora de somalí a español.

Yo ya veía que acá a nadie le estaban informando absolutamente nada sobre la mutilación genital femenina y pensé que sería necesario dar formaciones, especialmente, a los profesionales que trabajan en diferentes sectores, como para que sepan de esta realidad, ya que no es nada ajeno ni está lejos, más que nada por la gran migración de personas que estaba habiendo.

Aquellas que vienen a vivir aquí iban a tener sus hijas, iban a vivir generaciones y es importante que entiendan lo que es la mutilación genital femenina, tanto las personas que las atienden como las comunidades que llegan.

En 2007, se registró, pero no arrancó realmente como organización hasta 2012. Empezamos a trabajar dando formaciones a diferentes personas, dando charlas. Siempre he utilizado mi testimonio personal como una lucha para sensibilizar a la gente porque no es igual leerlo o ver un documental que la persona te hable.

Ésto nació con mi hija, que ya es madre de dos niñas, por lo que ya hicimos historia, dado que ya hay dos generaciones que no fueron mutiladas. Mis nietas van a hablar de su abuela, que pasó por esto, pero ya no existe en su generación. No es algo que se va a repetir.

Qué cambios han sucedido en la sociedad

- ¿Y a partir de tu organización has visto grandes cambios, como, por ejemplo, en la cultura?

- Sí, totalmente. Hay muchos cambios. Creemos que hemos contribuido bastante y ahora entienden, saben, nos contactan para consultar algún caso o cómo abordarlo. De cuando empezamos a ahora, hay una gran diferencia. Creo que se sabe más. Además, en España, no somos la única organización que trabaja sobre esta temática.

Se ve que la gente conoce más, entiende más, quiere saber más. Aunque antes lo conocían, a lo mejor lo trataban como algo que no tenía absolutamente nada que ver con las personas que viven aquí. "No tenemos que preocuparnos por ese problema", escuchabas. Quien lo quiere negar le falta algo, porque esto es una sociedad multicultural. Es importante que todos los sectores estén formados y que entiendan cómo atender si se encuentran con alguno de estos casos y que también las comunidades abandonen esta práctica.

Siempre estamos sacando cursos, documentos que les pueden ayudar a las familias a la hora de abandonar. Tenemos una casa de acogida, en donde formamos mujer y el año pasado se graduaron 125, que han participado en nuestro programa, "Caminando hacia el cambio". Allí, rescatamos mujeres que sufren violencia.

- ¿Considerás que es posible terminar con la mutilación genital femenina?

- Creo que sí, pero también reconozco que es lento, porque para muchas personas está muy arraigada a su cultura, lo consideran como una identidad, parte de lo que son.

- ¿Y cómo se podría terminar?

- Primero, debemos eliminar por completo la asociación con religiones. Tenemos que hacerlo un movimiento global para que la gente vea que es una violencia contra la mujer por el simple hecho de ser mujer y punto. Hay que verlo y darle ese enfoque.

Hay que continuar trabajando, tanto con las mujeres de la comunidad como con sus líderes religiosos para que ellos empiecen a predicar o a hablar acerca de que ésto no se encuentra en ningún libro sagrado, ni lo recomiendan y que no está escrito en ninguna parte.

Suscribite al newsletter de Para Ti

Si te interesa recibir el newsletter de Para Ti cada semana en tu mail con las últimas tendencias y todo lo que te interesa, completá los siguientes datos:

Suscríbete al Newsletter Para Ti

Unite y recibí todas las novedades, contenidos exclusivos online y presenciales para seguir creando comunidad!

Imagen captcha Cambiar imagen

Más información en parati.com.ar

 

Más Para Ti

 

Vínculo copiado al portapapeles.

3/9

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit.

Ant Sig