Día de la Mujer: sufrió violencia de género y renació como el ave fénix, la historia de Manuelita Elías
 

Día de la Mujer: sufrió violencia de género y renació como el ave fénix, la historia de Manuelita Elías

En este especial por el Día de la Mujer, Para Ti contactó a diferentes representantes por los derechos de las mujeres debido a su fortaleza y valentía. Ella es Manuelita, oriunda de Necochea, que tiene 56 años y es una reconocida e importante médica dermatóloga. Tiene una historia de vida tan fuerte como valiosa para contar y por eso fue elegida para estar presente en este 8M.
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Llegó con una sonrisa de oreja a oreja. La veo de lejos y percibo a una mujer de estatura mediana, tirando a baja. Delgadita, con un look minimalista. Llevaba un vestido blanco de seda, que abrazaba su silueta. Con voz baja y un cálido abrazo, me saluda y nos tomamos un café, que dura más de dos horas. Es un placer hablar con ella porque te hace sentir querida, a pesar de que ni la conozcas.

Manuelita Elías es una reconocida médica dermatóloga necochense, especialista en estética. Tiene 56 años, un hijo de 29 y una hija de 27. Por más de que hoy en día sea exitosa en su labor, ha tenido que transitar un largo, tedioso y cruel camino.

Es valiente y admirable, ya que sufrió maltrato durante 8 años por el padre de sus hijos. Además, con mucho esfuerzo y trabajo, pasó de no tener un peso a ser una referente en su profesión. Por ello, en este especial de Para Ti por el Día de la Mujer, fue elegida como una de las representantes por los derechos de las mujeres.

manuelita elías, día de la mujer, 8 de marzo
Manuelita Elías es médica dermatóloga, especialista en estética.

El inicio de la relación tóxica

"Lo conocí en 1990, en La Plata, en donde yo estaba estudiando medicina. Vivía con mi hermana y éramos vecinos. Yo tenía 20 años y él 25. Era un hombre pintón, que cumplía con todas las consignas que uno puede esperar. Estudiaba bioquímica, venía de una familia constituida, platense", contó Elías.

"Un día, dejamos con mi hermana nuestro auto en la puerta de su casa y él le puso un sticker de Menem. Ahí le dije: "¿Qué es esta, grasada?" Él se cagaba de risa. Conocía más a mi hermana, ya que ella era amiga de su mamá, pero a mí no me interesaba para nada", continuó Manuelita.

"Un día, nos llevó hasta el terminal porque nos íbamos a Necochea y ahí fue el primer encuentro. Nos enamoramos muy rápido, dado que fue una relación bien pasional. No teníamos nada que ver. Uno cuando es joven tiene que entender las señales. Lo primero que le dije fue que me quería casar y viajar por el mundo y él me respondió que ni loco. Estuvimos cuatro años de novios, que fue un noviazgo tóxico y después nos casamos", recordó.

- ¿Cómo fue ese noviazgo? ¿Lo padeciste?

- Sí. Sobre todo, porque estaba en un lugar que no quería estar. Era una relación en donde yo tenía una paciencia infinita. Tenía una incondicionalidad y una ceguera muy grande. Fue un noviazgo en donde tuvimos dos rupturas y yo las minimicé, porque en cada una era el ave fénix.

En las dos separaciones que tuvimos, volé. Recuerdo que, a la semana de la segunda, había intentado rendir un examen para irme a la Universidad de Yale porque ya terminaba la carrera de Medicina y tenía que presentar una carta. La presenté y, a la semana, apareció y quiso volver.

Cortábamos y brillaba, pero, cuando estaba con él, era incondicional y me abocaba a la relación, la cual patinaba. Entonces, todo se oscurecía, ya que las relaciones tóxicas tienen eso, entorpecen la vida de uno. Luego, nos casamos y tuvimos dos hijos.

- ¿Qué quiere decir una relación violenta?

- En mi caso, él era el que generaba la violencia y yo contestaba. No me quedaba callada, peleaba, tenía impotencia.

Nosotros nos casamos y nos fuimos a vivir a Roque Pérez porque cuando él se recibió de bioquímico tenía la posibilidad de entrar en un laboratorio de un amigo del padre y, además, a los dos nos gustaba vivir en un pueblo.

Sin embargo, empezaron a aparecer asperezas porque él era terriblemente miserable, cuidadoso con el dinero y yo todo lo contrario, algo que le generaba violencia.

Las relaciones tóxicas están desarrolladas así, aunque uno lo empieza a notar cuando le tocan a los hijos. A mí lo que me pasó fue que quedé embarazada por tercera vez y, un día, cuando mi hijo más grande tenía tres años, tiró un balde de pintura sin querer en el auto y él me empezó a insultar adelante del nene. Entonces, fui a buscar a alguien para que me ayude a limpiar, hasta que vi a mi hijo desesperado intentando sacarla. Esa noche, perdí el embarazo.

manuelita elías, día de la mujer, 8 de marzo
Vivió violencia por parte del padre de sus hijos durante 8 años.

Ahí, lo que más me dolió, no fue perder el embarazo, sino ver a mi hijo de esa manera. A partir de ese momento, empecé a hablar con mi ex de separarnos, pero tardé dos años en lograrlo. Las respuestas de él eran: "Si vos te vas, yo me mato", "Primero te mato a vos, después a los chicos y después a mí".

Hubo situaciones en las que él se tenía que ir a Buenos Aires y yo no lo acompañaba. Entonces destrozaba toda la casa y los chicos se escondían por miedo. Esas eran las batallas que existieron durante dos años.

El modus operandi de un violento

- Después de la violencia que ejercía, ¿te pedía perdón?

- Siempre un violento te pide perdón. "No lo voy a hacer más, ¿qué querés? ¿Vos querés que nosotros estemos juntos?", me suplicaba. Pero, lo único que yo le decía era: "No, yo quiero separarme. No quiero que estemos juntos".

Recuerdo que un día estábamos en Necochea e hizo un acto de violencia y de celos, por lo que le pedí que se vaya, entonces empezó a decir: "Si no me abren la puerta, rompo el portón de tu casa". Mi papá tuvo un pico de hipertensión arterial, así que decidí salir y me fui con los chicos. Íbamos en la ruta y se ponía en contramano y me amenazaba. "¿Vos te querés separar?", me preguntaba mientras venía un camión en frente. "¿Qué estás haciendo?", le respondía mientras le daba la mano y le decía que no.

Ahí, empecé a tener miedo y a pensar en separarme de él, pero para eso tenía que construir un trabajo y ganar un sueldo. Entonces, comencé a hacer consultorios de nutrición, guardias en Lobos, aunque, en un principio, eran ad honorem, ya que eran por la experiencia y para armarme. Todas las noches pensaba que me iba a costar.

A su vez, teníamos una agencia de lotería, por lo que le planteaba sacar la mitad del dinero, que cada uno se lleve su parte y así yo podía bancar a los chicos y separarnos, pero él no quería. "Si llegás a tocar la plata de la agencia, te mato", me respondía.

Él se daba cuenta que yo me estaba corriendo de ese espacio, pero no lo quería aceptar. En ese tiempo, nos fuimos a vivir a Cañuelas porque había un colegio mejor para los chicos, pero ya estábamos muy mal. Yo principalmente me quería separar. Y un día, cuando volví de una guardia, mi hijo, que era chiquitito, me preguntó: "¿Por qué te fuiste todo el día a rascarte la concha?" El papá le decía esas cosas.

En Cañuelas, fueron los últimos tres meses. Vivimos situaciones muy críticas. Lo único que le decía era que me quería separar. Un día, agarré uno de los autos y me fui con mi hija, que tenía dos años, pero él llegó, quería que me baje y, como no lo hice, me agarró de los pelos y me arrancó un puñado.

Otro día, adentro del departamento, le dije: "No te quiero más, no te puedo ni sentir el olor". Y salí volando del empujón que me dio. Ese fue el segundo golpe. Sentía un rechazo total.

- ¿Nunca pensaste "agarro las cosas y me voy sin decírselo"?

- Cuando él me empujó, agarré a los chicos, sin documentos, sin nada, y pegué media vuelta y me fui. Antes de irme, llamé por teléfono a una amiga, que era abogada, y pasé por la comisaría e hice la denuncia.

Me fui a Roque Pérez, a la casa de una gran amiga, que me acompañó mucho. Un rato después de llegar, sentimos como el ruido de una bomba. Habían roto el portón. Era él. Yo logré agarrar a mi hija, pero se llevó al mayor, que se había escondido abajo de la mesa. Me desesperé, llamé a la policía, lo detuvieron y me hicieron ir a un juzgado de menores.

manuelita elías, día de la mujer, 8 de marzo
Luego del segundo golpe que sufrió, agarró a sus hijos y dejó la casa que compartía con su ex.

Al otro día fui al juzgado y él apareció empastillado. Sacó una cajita de rivotril adelante del secretario del juez y dijo: "Mirá todas las pastillitas que estoy tomando porque no lo entiendo. Me casé para toda la vida y no se qué le pasa. Se calentó con un tipo". El secretario respondió: "Yo te entiendo porque estoy pasando por lo mismo. Estoy empastillado como vos. Estas locuras no se entienden". No me lo voy a olvidar porque era un juzgado de menores y yo estaba viviendo una situación terriblemente crítica, con mucho miedo.

Por supuesto que a él no le pasó nada. A partir de ahí, vivimos un montón de situaciones. No volví con mis padres porque quería ser independiente. Entonces, me quedé en Roque Pérez a pesar de que no tenía un peso, pero tenía trabajo y lo más importante de todo es que había alcanzado mi libertad. La felicidad y la fuerza que tenía encima era absoluta.

La libertad y la fuerza luego de separarse de un violento

- ¿Dónde encontraste apoyo?

- En todos, pero, principalmente, en mi familia, que fue fundamental para que siempre desarrolle mis espacios. Y, también, estaba Roque Pérez porque sabían que la "Dra. Manuelita" comenzaría a presentar una denuncia. A pesar de que, al principio, no me daban ni bola.

- ¿Cómo te fuiste armando en Roque Pérez?

- Después de un tiempo de trabajar en Lobos, empecé como médica de guardia en Roque Pérez además de médica de traslado porque tenía que ganar plata. Lo más importante es cómo uno toma la vida. Siempre fui una persona tremendamente positiva.

Me llamaban para las audiencias y yo iba porque quería que él esté presente en la vida de mis hijos. Buscaba todas las formas judiciales porque no podía hablar con él, pero no se presentaba.

Además, iba a un psicólogo de violencia familiar, que me explicó que tenía que alquilar una casa con tres puertas de entrada y con ventanas con rejas por seguridad. Entonces, le hice caso y siempre digo que la suerte te acompaña porque lo conseguí en Roque Pérez.

- ¿En esos momentos, él seguía persiguiéndote?

- Sí. Me agarraba en el trabajo, siempre generaba situaciones de violencia, entonces yo tenía que ir a la comisaría. Después de que nos separamos, fueron cuatro años de este tipo de situaciones, en donde los policías al principio eran reticentes, pero después me veían por la calle y me decían: "Doctora, ¿quiere que la llevemos hasta su casa?"

Yo buscaba formatos para que esté con los chicos. A veces los veía, a veces no, no mostraba mucho interés. Los chicos sufrían mucho, sobre todo el varón, así que yo iba a audiencias y mi hija siempre estaba en silencio, pero sus silencios eran más dolorosos que un llanto porque estaba en un estado de shock. Los llevaba a los nenes a las audiencias judiciales con cámara Gesell.

A dos años de la separación, me mudé a una casa diferente porque estaba mejor económicamente, pero no cumplía con las normas que me pidió el psicólogo. Si bien era más grande, era más insegura porque le facilitaba entrar a la fuerza. Y él no tenía límites.

Recuerdo que un día se robó a mi hijo. Él tenía que cumplir una audiencia para pasar alimentos y que le den un régimen de visitas pero, como no lo hizo, no tenía el derecho de ir a verlos. Aunque, si se hubiese comunicado conmigo, se los habría podido llevar tranquilamente. Pero no él no lo hacía. Entonces, un día, estábamos con mi hija en un kiosco y había dejado al más grande en la casa de un amigo. En eso, pasa el auto de mi ex y escucho el grito de mi hijo que decía: "Mamá". Entonces, salí a buscarlo y él aceleró el auto.

- ¿Y cómo lo devolvió?

- Lo devolvió a la semana o a los 15 días. Mi hijo lo relata muy bien a esto. Él cuenta que era chiquitito, que lloraba mucho, pero que después su papá lo llevó a un kiosco, le compró una golosina y que lo trataba bien. "Me quedé con mi papá hasta que me devolvieron con mi mamá", te cuenta él cuando recuerda esta anécodta.

Fui a la abogada y ella me dijo que me quede tranquila, que él tenía que cumplir un régimen de visitas, pero que ahora mi hijo estaba con su familia paterna y que estaba bien. Yo sólo quería un orden en la vida de los chicos. No cumplió con nada, tampoco con la cuota alimentaria.

- ¿Cómo vivías estas situaciones?

- Mientras estaba con los chicos, buscaba la forma de que ellos no sientan ningún tipo de temor, que estén bien, de acompañarlos. Trataba de entretenerlos, de divertirme con ellos, porque disfrutaba toda mi vida.

manuelita elías, día de la mujer, 8 de marzo
Manuelita cuenta que ella sólo quería que sus hijos tengan un orden en sus vidas.

La tarde del horror: cuando la quiso matar

- ¿Cómo fue el día que te intentó matar?

- Un día, cuatro años después de la separación, se enteró que estaba en pareja nuevamente. Entonces, fue a buscar a los chicos al colegio sin avisar. Él aparecía y yo se los daba y los devolvía a la hora que quería.

Ese día, en la puerta, les dije a los chicos que entraran al auto de su papá, pero, cuando iba cruzar la calle, aceleró un poquito como para pisarme. Eso me llamó la atención. Mi hija, que ya tenía 7, se fue a la casa de una amiga y el más grande, que tenía 8 años, a jugar al fútbol.

Entonces, me fui para mi casa. Sin embargo, como me llamó la atención la actitud de él, encaré como para la plaza del colegio y, cuando vi arrancar su auto, me fui. Cuando estaba por entrar a mi casa pensé: "Mejor no entro porque vi como atinó a pisarme con el auto".

Estaba yendo para la esquina, cuando apareció su auto. Lo único que sentí fue: "Manuelita". No me acuerdo de nada más porque yo no miré para atrás, no lo esperé. Sentí que me agarró de la nuca y que mi cabeza dio contra el cordón de la vereda. Además, él siempre midió como dos metros, mientras que yo 1,50 y peso 40 kilos.

Desde el piso, levanté un poco la vista, vi pasar un auto y sentí que él iba a empujarme de nuevo, aunque escuché un grito: "¡Dejala! Soltala que la vas a matar". "Sí, la voy a matar a esta hija de puta", le respondió él.

Como él era un cagón y el que lo enfrentó era grandote, se terminó yendo. Este chico me levantó y me preguntó si quería ir al hospital, pero yo le pedí que me lleve a la comisaría. Ni bien entré, me desmayé y le tomaron la denuncia al que me ayudó, porque sino era la palabra de él contra la mía.

Durante tres años, había hecho un montón de denuncias y nadie se hacía responsable. Iba con la familia de él a La Plata y nadie me daba bola. Todo quedaba en la historia, entonces se seguía repitiendo. Las consecuencias del golpe resultaron en un traumatismo de cráneo. Si hubiese habido un segundo, me habría matado.

- ¿Esto puso un límite?

- Sí. La policía de Roque Pérez se hizo cargo de la situación, me pusieron guardia 24 horas porque era un prófugo de la Justicia. Estábamos todos muy shockeados. Todos me acompañaban, mi mamá se quedó mucho tiempo conmigo y además yo estaba haciendo una especialidad en dermatología en Vicente López, por lo que iba y volvía de Buenos Aires y nunca perdía el contacto con el conocimiento.

También empecé a llevar a los chicos a un psicólogo, por lo que estaban muy contenidos y todos los peritos sabían que ellos estaban bien. En las pruebas, salía que tenían que seguir con la mamá. Finalmente, él fue preso.

Algo que siempre les llamó la atención a los psicólogos es que yo decía que esta situación la manejaba dentro de la Justicia o en terapia, pero que después la encapsulaba, la guardaba y seguía con mi vida. No permitía que me tomara y estaba bien con los chicos, con mi familia o con el trabajo y para ellos era muy sano.

Aunque, cuando le hacían la entrevista a él, decía: "Estoy acá porque Manuelita tuvo problemas conmigo. Ella me culpa de cosas que no son ciertas. Ella dice que le pegué, pero nada que ver. Fue un empujoncito. Yo no los quiero ver a los chicos. Cuando ellos pidan por mi, los voy a ver".

Lo más importante es que provocó un límite en sus accionares y fue preso. Además, una psicóloga a la que llevé a los chicos me dijo que me quedara tranquila porque ellos iban a ser quienes me pidan de ver a su padre cuando sean adolescentes.

La mudanza a Buenos Aires

- ¿Cómo tomaste la decisión de mudarte a Buenos Aires?

- Después de que me recibí de dermatóloga y de que tuve mi consultorio privado, en donde hacía nutrición y dermatología en Roque Pérez; mi hijo, cuando tenía 11 años, me dijo que quería ir a estudiar a la escuela de River, entonces lo anoté. Él se vino primero, se quedó en la casa de mi hermano y, al año siguiente, llegué con mi hija.

manuelita elías, día de la mujer, 8 de marzo
Finalmente, el padre de sus hijos fue preso.

- Finalmente, ¿tus hijos pidieron por su papá?

- Sí. El primero en pedirme por él fue el varón, que en ese momento tenía como unos 15 años. Empezaron viéndolo con una psicóloga de por medio. Después, se acercó mi hija, que siempre era más reticente.

- ¿Generó algún conflicto al principio?

- Al principio, los veía y les hablaba muy mal de mi. Les compraba muchas cosas, mientras que les decía que quien había impedido que los vea era yo. Fue un período muy difícil. Decía que yo había hecho de todo para que él no estuviera cerca, que había mentido, pero como el mayor estaba con las necesidades de querer a su padre, todo tenía que cumplir con un cierto orden. No quería que lo odiaran y quería que ellos puedan salvar una imagen en su cabeza para sentirse mejor, más sanos.

Yo quería construir una familia, ellos no merecían desde ningún punto de vista lo que habían vivido. Lo único que quiero en mi vida es que me disculpen porque no les di la fortaleza que les da un padre, que te da las herramientas para que salgas adelante, para que creas en el amor, para que te construyas como persona, para que te identifiques. Ellos tuvieron que bancarse a quien yo elegí. Eso siempre va a ser una herida en mi corazón... ellos no se lo merecían.

manuelita elías, día de la mujer, 8 de marzo
A sus 46 años, Manuelita encontró el amor nuevamente.

Antes de terminar el café con Manuelita, noté sus ojos vidriosos, húmedos. Su piel se sentía fría, se le notaban las venas marcadas. Su presencia emanaba un aire cálido, se la percibía como una mujer amorosa, dispuesta, solidaria. Entonces, le pregunté qué le diría a su yo del pasado, a esa mujer de 32 años que tenía tanto miedo.

Se le quiebra la voz. Tarda unos minutos en responderme debido a que quiere encontrar las palabras claras y finaliza diciéndome: "Qué valiente que fue".

Fotos: Candela Petech

Make up: Karina Aranda, Make up artist de L'Oréal Groupe @karinamarcelaarand Egresada de Belleza por un Futuro L’Oréal y Pescar.

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