Lulú del Monte -como la llaman en el Gran Chaco Americano-, es una militante de la vida. Su juventud transcurrió entre los estudios universitarios y la vida cómoda en la Capital, aunque siempre estuvo llamada por sus raíces y desde ahí construyó para sí misma una historia poderosa que merece ser contada.
Desde el Salado Norte en Santiago del Estero, con 56 años, Lucrecia Gil Villanueva nos inspira a todas a reflexionar sobre cómo el compromiso con los demás y la resiliencia puede convertirse en una voz inspiradora para lograr un impacto en el mundo. Esta es su historia, una que nos convoca a todas a ser agentes del cambio, a abrazar nuestras raíces y a nunca dejar de luchar por lo que creemos.
Nació en Palermo (Capital Federal), del vientre de una madre diaguita catamarqueña, que migró a Buenos Aires en busca de trabajo como muchas mujeres del país. Cuando tenía 18 meses la dio en adopción. Aunque su infancia y juventud transcurrieron en la ciudad, entre estudios universitarios y una vida acomodada, su historia en el territorio de más de 25 años está impregnada en la memoria de cada célula de su cuerpo y su corazón. Lleva consigo las raíces del territorio, de su historia de lucha y reivindicación, que es historia de lucha de las comunidades de la Región.
Ha logrado amalgamar su familia, llevando a su madre de 90 años a su Santiago querido, también recuerda los años de reencuentro con su madre biológica mientras estuvo viva, le dejó una gran familia. Materna la hija de su hermana y se ilumina con amor cuando habla de su padre, quien la marcó enseñándole los valores que son su principal capital, “me transmitió la música, el jazz, bossa nova y baile del tap”.
A pesar de gozar de una vida sin mayores dificultades, Lulú nunca perdió la conexión con lo importante. Siendo ya adulta, culta y bien establecida en la vida, esa semilla que llevaba dentro la impulsó a misionar en el norte argentino y decidir quedarse a transitar entre el monte y la ciudad.
Desde ese momento, construyó un puente sólido que unía su vida cómoda y urbana, con las raíces que la conectaban con la tierra, la cultura y la naturaleza de un monte chaqueño rebosante de inspiración, compromiso y voluntad de trabajo colectivo codo a codo con las comunidades. “Porque si hay algo que tiene el Gran Chaco Americano y su gente, es la clara visión persistente de abrir oportunidades en una tierra de necesidades históricas”, dice.
Lucrecia es una apasionada defensora de los derechos ambientales, de género, de equidad, de educación, de acceso al agua y al progreso para los habitantes del monte chaqueño. Ha llevado la tecnología al territorio mediante una iniciativa de Redes Chaco "Nanum Mujeres Conectadas", impulsando la creación de un importante centro de conectividad para romper el aislamiento de las comunidades y conectarlas con un presente de posibilidades. Su visión de futuro se refleja en su especial atención a las cuestiones de género, particularmente las mujeres rurales. Comprende que, al ayudar a las mujeres como eje del desarrollo, ayuda a las familias enteras.
Tiene una mirada global, sabe bien que las acciones deben ser colectivas para marcar la diferencia. Por eso, es que fomenta y promueve el diálogo entre las mujeres y ha logrado conectarlas con experiencias de otras compañeras de género. Su visión trasciende fronteras y culturas, desde el Chaco Americano para otros biomas como la Amazonia. Su dedicación es un faro de esperanza en un mundo donde estos derechos son vulnerados constantemente y los compromisos comunitarios cada vez son menos.
También ha alentado a vincularse a otras compañeras activistas de diferentes provincias de la región, y es la fuerza de esas voces unidas la que impulsa hace más de 20 años al colectivo de Mujeres del Gran Chaco Americano, formado por mujeres urbanas, campesinas e indígenas de Argentina, Bolivia y Paraguay, que abordan el presente y diseñan el futuro desde una mirada interseccional de desarrollo que históricamente era pensada desde y para los hombres.
Reconectar con su pasado en el Gran Chaco, no significó abandonar la ciudad ni lo que ha logrado allí. En cambio, transformó su experiencia y sus raíces en un potente conector de experiencias y la capacidad de vincular lo individual con lo colectivo: lo que ella recibió antes, es todo lo que da ahora.
Aquella mujer que con una sonrisa ilumina todo su rostro nos cuenta que era y es una fiel lectora de Para Ti, hoy es un faro de inspiración y resiliencia. Su vida es un testimonio de cómo se puede construir un puente entre el pasado y el futuro, entre la comodidad de la ciudad y la necesidad de los territorios vulnerables. Su trabajo incansable en defensa de los derechos y su visión global la convierten en una líder indomable que sigue escribiendo la historia de las mujeres fuertes del Gran Chaco Americano.
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Fotos: Celia Lescano- Frente de Mujeres del Salado Norte Defensoras Ambientales- Red Comunidades Rurales